miércoles, 26 de mayo de 2010

Deber 9

Un gaucho

Montes llegó a la pulpería de Anchorena en su propia carreta.
Tendría poco más de veinte años. Era fuerte, buen mozo, callado y guapo.
Se acercó a la reja y le dijo al pulpero:
-Sé que murió su carrero viejo y vengo por si me precisa.
Anchorena, con su gran franqueza de vasco, le preguntó:
-¿De dónde sos?
-De Puntas de Pan de Azúcar.
-¿Y en tu pago no tenían trabajo?
-Mi pago es donde yo ando -le contestó Montes.
El vasco le dio trabajo pero se quedó pensando: "¿Por qué un viaje tan largo, de vacío, para solicitar trabajo? Cambiaban de pago los contrabandistas. Los domadores. ¡Pero los carreros"!.. . Al fin dejó que el tiempo le contestara las preguntas.
Después se convenció que Montes había cambiado de pago porque sí. Y que cualquier día levantaba el poncho otra vez. Era un buen carrero, pero no tenía alma de carrero.
Estuvo allí poco más de un año. Hasta el día en que Martina dio a luz una niña. Martina era la peona de la casa. Cocinaba, lavaba y ordenaba la pieza del dueño, que era cincuentón y soltero. Atendía, además, la mesa del almacén cuando llegaba algún viajero. Allí solían parar "corredores" de comercio o "cuarteadores" de contrabandistas, que venían a vender parte de la carga de sus compañeros. Una mujer así puede tener un hijo y el hijo ser de ella nada más.
Al irse, Montes, le dio paternidad a la hija de Martina.

Mucho tiempo después se supo que estaba en el Chuy, allí cerca del almacén del turco Gómez. Morales encontró la carreta. Llegó al negocio y preguntó por Montes.
-Trabajaba aquí -contestó el turco-. Un día dejó la carreta, cruzó la frontera y no vino más.
-¿No será muerto?, -interrogó Morales.
-Tal vez esté de contrabandista... Pero no aquí... Mucho más arriba...
Estaba en Piedras Negras, diez o doce leguas más arriba del desagüe del Chuy, tras la frontera. Con rancho y mujer.
Allí tuvo querencia tres o cuatro años. Rico un mes, pobre dos. Hacía vida con la Bayana Paula, que no le aflojaba en nada. Era una vida brutalmente linda o extremadamente peligrosa, sin término medio.
Cuando Montes realizaba tres o cuatro "pasadas" de contrabando, por cuenta de otros que no querían exponer la vida, volvía al rancho, platudo y ansioso de caricias. La Bayana lo acechaba más que lo esperaba. Ardían los dos como dos brasas. Eran amores como fiebres con pausas de caña, buena mesa y siestas que terminaban a boca de noche.
Cuando él empezaba a faltar del rancho buscando "pasadas", la mujer, que era celosa, barullenta y boca sucia, comenzaba a exasperarse.
Montes le contestaba con el silencio hasta que la mujer se hacía insoportable. Entonces le daba una buena "untada de lomo" y partía.
Ella soportaba la soledad tremenda del lugar hasta que él volvía.
Era entonces una fruta de piel tirante y ardiente que se deshacía en mieles.
Una noche apareció el caballo de Montes ensillado frente al rancho.
Ella no supo más de él.
Fragmento del cuento “Un gaucho” de Juan José Morosoli


1- Busca datos biográficos y bibliográficos de Juan José Morosoli.
2-Parece obvio decirlo, pero si alguna palabra no se entiende allí está el diccionario. Y si no aparece allí, no está prohibido salir a averiguar.
3-Resume el texto en un máximo de cien palabras.
4-¿Cuál es tu opinión acerca del protagonista? ¿Por qué?
5- Extrae palabras que demuestren la variedad lingüística de los personajes. Explica lo que consideres necesario explicar.
6- Extrae todas las palabras con tilde del texto. Clasifícalas como: artículos, sustantivos, adjetivos, adverbios, verbos, verboides, etcétera.

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